ARTICULOS DE OPINION


Revista digital de arte, cultura y opinión en Alicante. Enlace con POESIA PALMERIANA. En estas páginas no podemos estar ajenos a lo que pasa en España ni en el mundo. Dirigida por el escritor, poeta y pintor Ramón PALMERAL. Los lectores deciden si este blog es bueno, malo, o merece la pena leerlo. El periodismo consiste en decir lo que a algunos no les gustaría leer.

sábado, 14 de abril de 2018

Inundaciones en el Ebro 2018. España continúa sin un Plan Hidrológico Nacional.

 Se ahogan en Aragón y Tarragona pero no cede ni un hectómetro para un Trasvase hacia el Levante y Murcia...

 

De Aznar a Rajoy, pasando por Zapatero: España y la sequía nacional

Civilización
Embalse del Gorg Blau, en la Sierra de Tramuntana, en mínimos de su capacidad | EFE
Un año más, la sequía ocupa titulares en toda la prensa nacional: ‘El campo español muere de sed’, dicen para hablar de un mal endémico agudizado por la ausencia de un Plan Hidrológico efectivo. De Aznar a Rajoy, la historia del agua en España. 
‘España encara un otoño crítico del que dependerá la entrada en sequía severa’; ‘Se agrava la sequía en España: las reservas de agua caen un 14% con respecto a 2016’; ‘España camina hacia la peor sequía en 20 años’; ‘La sequía en España deja bajo mínimos las cuencas del Segura, el Duero y el Júcar’…
Titulares, todos ellos, de la prensa de esta semana y podríamos decir que, casi, de cualquier verano español. Que España atraviesa por periodos de sequía no es nuevo -sí lo es, quizá, el claro empeoramiento de las reservas de agua- y ahí radica, precisamente, la importancia de lo que pasa hoy con el agua en España.
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Vayamos casi dos décadas atrás, a 2001. El Gobierno de José María Aznar aprueba el llamado Plan Hidrológico Nacional que contemplaba, entonces, un trasvase del Ebro hacia cuencas mucho menos favorecidas por la climatología y la orografía como la del Júcar. Un plan que permitiría, mediante la creación de canales y embalses, llevar agua de las cuencas excedentarias a las deficitarias. Repartir el agua de España, en resumen.
La Unión Europea sometió el plan a examen y lo consideró técnicamente posible y conveniente. Lo aprobó y destinó abundantes fondos – el gobierno de Aznar solicitó 1.200 millones a los Fondos Europeos- para financiar el proyecto. El trasvase estaba en marcha.

Llega Rodríguez Zapatero

Pero, la sorpresiva victoria del candidato socialista José Luis Rodríguez Zapatero cambió los planes. El Ejecutivo socialista derogó el trasvase en junio de 2004 y, con Cristina Narbona como titular de Medio Ambiente, puso en marcha un nuevo Plan Hidrológico: AGUA.
Contentaba así a quienes habían protestado por la aprobación de un plan -el trasvase- que sus detractores llegaron a calificar como ‘obra franquista’. Los pantanos (y los fantasmas) de Franco salía a pasear y ecologistas e izquierda lamentaban que la solución al problema del agua pasara por “cemento, cemento y cemento” (en alusión a la necesaria creación de canales para transportar el agua).
“El trasvase del Ebro no se hará ni ahora ni en ningún caso porque es inviable e injustificable”, dijo el Ejecutivo Zapatero en 2004
“El trasvase del Ebro no se hará ni ahora ni en ningún caso porque es inviable e injustificable”, declaró Narbona, que garantizó “1.063 hectómetros cúbicos frente a los 620 hectómetros reales del trasvase del Ebro” para abastecer al levante español. “Habrá más agua y más barato que con el trasvase. También será más rápido porque con la ampliación de algunas plantas desaladoras y la reutilización del agua donde existen depuradoras, para la primera mitad de 2005 puede empezar a llegar agua con un mínimo coste”, decía.
Y ahora, vayamos a 2016. Miren este titular del diario El Mundo. “Desaladoras: un sobrecoste del 128%”. La situación se resumía a la perfección: “El llamado Programa Agua contemplaba la construcción de 15 nuevas desaladoras: Águilas, Marbella, Mutxamel/Campello, Torrevieja, Moncófar, Oropesa, Sagunto, Bajo Almanzora, Vega Baja, Denia, ampliación de Jávea, Adra, ampliación de Mojón, Costa del Sol Occidental y Níjar. El presupuesto oficial para todo ello se fijó en 721 millones. Cuando llegó el PP al poder [2011], de las 15 desaladoras previstas había sólo una en servicio, la de Marbella, que se adquirió ya construida. En la etapa socialista anterior, las sucesivas ministras de Medio Ambiente -Cristina Narbona, Elena Espinosa y Rosa Aguilar– fueron elevando al alza la inversión y de 721 millones de euros se pasó un presupuesto de 1.337 millones, ya entonces un 85,4% más de sobrecoste, sin haber pasado de la redacción de los proyectos. El Gobierno actual ha llegado finalmente a invertir 1.650 millones para completar las infraestructuras necesarias de aquel programa y hasta 12 de las 15 desaladoras previstas, según datos oficiales”.